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Lo que quedó del mundo

FICHA TÉCNICA

Autor: Alberto García-Alix (León, 1956)
Título: Lo que quedó del mundo
Año: 2007
Técnica: fotografía en gelatino bromuro de plata sobre papel
Dimensiones: 115 x 115 cm
Edición: 1/3

Esta emblemática obra de Alberto García-Alix fue adquirida por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO 2009 (Madrid) y pertenece a la serie Érase una vez en París (Je t’en prie) (2003) que realizó durante su residencia de tres años y medio en la capital francesa. Son trabajos en gran formato influidos entonces por su delicada salud y el tratamiento médico al que se sometió, desvelando también algunas experiencias personales: muerte de amigos y familiares, separaciones, lucha contra la adicción. La serie comenzaba con una fotografía de su piso vacío antes de la ida (Última noche en Madrid) y ha sido expuesta desde entonces en varias citas individuales y colectivas.

La serie temática contrasta con su vertiente más laureada hasta entonces (las imágenes de la movida madrileña, las drogas, las motos, las pieles tatuadas, los personajes conocidos, los seres marginales de distintas índoles…) generando otra mirada que, igualmente intimista, se nutre de objetos cotidianos, balcones abiertos, contraventanas, luces de neón, estancias deshabitadas o, como en esta hermosa pieza, la nostalgia de una carta, una imagen, una añoranza. Cosas sencillas que merece la pena conservar, auténticos autorretratos de la ausencia, o señales para no olvidar las vivencias dolorosas. La fotografía sugiere el poso literario del artista, que en la última década ha venido manteniendo de manera periódica, superando esa imagen transgresora que muchos identifican erróneamente con lo único, o lo mejor, de su larga carrera.

La obra parte de una técnica depurada controlada analógicamente, concebida para captar el espíritu del mensaje y componer esta auténtica naturaleza muerta que ejemplifica la melancolía controlando la esencia retratada y manteniendo, con maestría y delicadeza, esa ironía vital y creativa que atesora el veterano artista.

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