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La arquitectura como lienzo

Autor: Pelayo Ortega (Mieres, Asturias, 1956)
Título: La arquitectura como lienzo
Año: 2008
Técnica: tinta y collage sobre cartón
Dimensiones: 50,5 x 69,5 cm
Categoría: Pelayo Ortega y la luz

En el año 2008 el pintor Pelayo Ortega colaboró con la Fundación María Cristina Masaveu Peterson en el desarrollo de un ambicioso taller experimental denominado La arquitectura como lienzo, concebido para ofrecer un original ejercicio de interpretación con la Historia y la forma arquitectónica que permitió proyectar sobre la fachada del Palacio Revillagigedo de Gijón (Asturias) una singular versión de la conocida obra pictórica del artista asturiano. Además, la FMCMP alternó esa aportación creativa con la dimensión formativa, otorgando también para el desarrollo del proyecto cuatro becas a cuatro estudiantes del Instituto Europeo de Diseño (EID) de Madrid (María Grande, Enrique Garde, Roberto Collado y José Luis García) que, bajo la tutela de Carlos Brenes y Tomás Peña, tradujeron a imágenes y animaciones digitales los bocetos de Ortega, generando una nueva mirada de sus tensiones narrativas, dinámicas y simbólicas. Durante varias noches de aquella fría Navidad gijonesa el trabajo se proyectó, a gran escala, sobre la fachada principal del Palacio Revillagigedo, mostrando una imagen nueva de este espacio bajo el ritmo de una obra musical que desvelaba mapas imaginarios y lecturas inéditas de su emblemática arquitectura.

Estos 20 bocetos en medio formato de Pelayo Ortega que ahora forman parte de la Colección FMCMP, realizados con tintas y collages sobre cartón, fueron la génesis de aquel hermoso trabajo, punto de partida de un complejo esquema experimental donde el pintor colaboró en todo momento con los técnicos para configurar la proyección final. Atesorando esa sugerente apropiación de combinaciones formales y cromáticas habituales en su paleta, una y otra vez, Pelayo Ortega se aproxima a las tesis del constructivismo, jugando con matices de colores próximos en la escala o con colores puros, de gran intensidad, en un proceso entre la intuición y la razón, la acción y el reposo. Unas obras que sintetizan bien esas herencias de ayer y hoy que, en el caso de este pintor internacional, nunca son directas sino que se configuran mediante un lenguaje personal que admira la belleza de la sociedad contemporánea, de los medios de comunicación o del paisaje urbano.

Los veinte bocetos, individual o colectivamente, son un trabajo característico de esa pintura que Pelayo Ortega viene desarrollando en las dos últimas décadas, respirando experiencias cotidianas en una constante actitud de reflexión ética y estética que le lleva a hacerse preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Composiciones depuradas, con gran presencia del dibujo, a base de complejos guiños formales, gestos, manchas y alteraciones cromáticas que, finalmente, siempre resultan extraordinariamente sobrias y serenas. La ruptura de límites, el uso de distintas escalas sobre un mismo cuadro, la construcción de escenarios a vista de pájaro, el desorden controlado, la línea gruesa y ciertas constantes iconográficas como la escalera o la silla, sustituidas aquí por las exigencias del encargo. La composición, más contenida formalmente que en sus habituales pinturas, no pierde esa magistral capacidad de síntesis que define su capacidad y esencialidad plástica.

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